A finales del siglo VI, Gregorio de Tours (obispo de Tours) trae reliquias de Brioude, entre ellas un fragmento del velo que cubría la
tumba
de san Julián; algunos monjes de Auvernia lo acompañan e introducen la regla de san Benito. Nace así una verdadera abadía, muy
próspera en la época carolingia. La sala capitular y la planta cuadrada de un claustro lo atestiguan. La presencia de las reliquias de san Julián
explica su nombre.
La abadía se sitúa entre los dos polos que constituyen el Tours medieval: la ciudad episcopal en torno a la catedral y Châteauneuf, donde se
encuentra la basílica de Saint-Martin.
En el siglo XIII, como en toda Europa, Tours se urbaniza, los dos polos se densifican y se instalan conventos de órdenes mendicantes: los jacobinos (dominicos) y los franciscanos («cordeliers»). Las calles adyacentes a la calle Colbert que llevan esos nombres indican su emplazamiento.
Un poco de historia
En las abadías se adopta la regla de san Benito (siglo VI). Los monjes se comprometen a la contemplación y permanecen dentro del recinto
de su monasterio: la regla está ligada a una vida equilibrada que se articula en torno a la oración y el trabajo. Marmoutier era también
una abadía benedictina. El proyecto de los dominicos y de los franciscanos (siglo XIII) es, por el contrario, el de querer estar presentes en la
ciudad. Los dominicos, llamados Orden de Predicadores, quieren evangelizar y enseñar. A ejemplo de su fundador, Francisco de Asís, que quiere
una vida de pobreza, los franciscanos evangelizan, y su modo de vida sencillo es un medio para ello.
Un poco de historia
Odón está en el origen del auge y de la reforma de Cluny, que adquieren una dimensión europea. Se habla de renovación monástica. A partir de entonces,
la abadía pasa a depender de la autoridad del papa, liberándose así de las tutelas laicas o episcopales, más atraídas por la riqueza del lugar que
por su función espiritual. Numerosas abadías siguen el modelo cluniacense, como en Tours Saint-Julien y Marmoutier. Pero dos siglos
más tarde, Cluny se ha convertido en una abadía opulenta y su influencia disminuye. De nuevo son necesarias reformas. San Bruno y
san Bernardo de Claraval reestructuran la regla benedictina creando las reglas cartuja (Grande Chartreuse) y cisterciense (Cîteaux),
que van en el sentido de una gran austeridad. Todavía existen hoy.
La iglesia consta de dos partes, que corresponden a los periodos de construcción
Los frescos se encuentran en el primer piso. Relatan el paso del mar Rojo evocado en el libro del Éxodo, que pertenece a un conjunto de libros: el Pentateuco (la Torá escrita para los judíos), que es el fundamento de la fe para judíos y cristianos.
Las vidrieras de los años 50 sustituyen a las vidrieras de Lobin, que fueron destruidas durante la Segunda Guerra Mundial.